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Vencer las trampas
Volvés a sentir el calorcito en la yema
de los dedos,
la cosquilla de escribir en el estómago
y sos de nuevo
poeta, mujer, pájara. Estas otra vez fértil
y tierrosa
llenas de fuego líquido las venas que
creías apagadas
como ríos mansos.
Te alegrás en el júbilo de tu despertar
con trinos y malinches.
En el fondo es como sentir que volviste a nacer,
a pesar de
todas las trampas de la mediocridad y del exilio.
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